Recorrer lugares buscando rastros de la cultura popular es una de mis maneras favoritas de viajar. Los íconos de Star Wars en Túnez, la inspiración de Monkey Island en un pueblo alemán, el puente sobre el Drina en Bosnia, escenarios de Sherlock Holmes en Londres. Hay algo especial en reconocer una esquina, una silueta o un paisaje que antes solo existía en nuestra imaginación.
Aunque ya habíamos estado en Sicilia, en ese primer viaje el comisario Montalbano nos resultó completamente indiferente. No habíamos visto la serie todavía, y la única referencia que teníamos era de nuestros padres, que seguían las historias con devoción. Esta vez fue distinto. Viajamos con Mamá, y así el recorrido empezó a ordenarse siguiendo los pasos del detective.

Si bien Montalbano se hizo muy popular en la televisión, nació en 1994 como un personaje del escritor italiano Andrea Camilleri, quién firmó casi treinta novelas con el comisario como protagonista. La serie fue creada en 1999 por la RAI, y se extendió hasta 2021 con 37 capítulos. Tuvo una repercusión enorme dentro y fuera de Italia, generando un impacto turístico directo en el sureste de Sicilia, donde se concentran la mayoría de las locaciones de la filmación.
Nuestro recorrido particular empezó en Catania, que tiene poco para aportar al canon Montalbaniano (?), pero que funciona como un buen punto de entrada a la isla. Ubicada a los pies del Etna, es una ciudad medio caótica, de edificios castigados y calles desordenadas, pero llena de vida.


Una extraña coincidencia hizo que nuestra primera noche en Catania coincidiera con el paso de la llama olímpica, que recorría Italia antes de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026. En la plaza principal montaron un escenario, donde unos animadores con carisma dispar entretenían a la gente mientras pasaban clásicos nacionales de Andrea Bocelli, Raffaella Carrà, Adriano Celentano y otros, que la gente se sabía de memoria.

Por si no era suficiente, al día siguiente volvimos a cruzarnos con la llama en Taormina, una hermosa villa turística en lo alto de la montaña. Mientras sacábamos fotos del mar Jónico desde una de las impresionantes terrazas, vimos cómo empezaba a juntarse la poca gente que recorría Taormina bajo la llovizna invernal. En cuestión de segundos presenciamos en primera fila el traspaso de la llama de un deportista a otro, que se subió a un carruaje de caballos y se alejó mientras una banda tocaba. Una escena que parecía sacada de una película de Kusturica.


También nos hicimos el tiempo de pasar por Fiumefreddo di Sicilia, el pueblo natal del bisabuelo Giuseppe, que emigró a Argentina a principios del siglo veinte. Es un lugar modesto y ordenado, que refleja una Sicilia más silenciosa y menos fotogénica que Taormina o Catania.

Un recorrido por Vigàta
Bajando hacia el sur entramos al Valle del Noto, una región famosa por su arquitectura barroca, donde la mayoría de sus localidades fueron reconstruidas después de un terrible terremoto en 1693. Entre estas iglesias majestuosas y edificios que parecen colgar de los acantilados es donde Salvo Montalbano investiga la mayoría de sus casos; en general crímenes locales con cierto trasfondo social, cuya investigación es casi tan importante como mostrar las costumbres sicilianas.



Tras recorrer una serie de rutas zigzagueantes a través de los Montes Ibleos, pasando por campos de cítricos delimitados por muros de piedra, llegamos a Ragusa. La parte antigua de la ciudad es una maravilla de la ingeniería, en la que las casas se amontonan a distintos niveles sobre una colina cortada a pico en medio de un inmenso valle.
En lo que respecta a Montalbano, Ragusa alberga algunos de los rincones más reconocibles de la serie. Muchas calles del centro histórico se usaron para recrear la ficticia Vigàta de las novelas, con tomas específicas donde se ven la Catedral de San Giorgio y el Circolo di Conversazione, un elegante club social que en la serie aparece como el “Círculo de la Caza”.



A pocos kilómetros, el pintoresco pueblo de Scicli tiene la locación más emblemática de toda la serie: la comisaría de Vigàta. En realidad, el edificio es el Ayuntamiento de Scicli, pero pocos años después que la serie comenzara una parte del edificio se adaptó como set permanente, sin interferir con su función administrativa. Hoy se puede visitar y, por un precio razonable, sacarse fotos en el despacho de Montalbano, el escritorio de Fazio y la recepción de Catarella.



Casi al mismo nivel de importancia, en la pequeña Punta Secca está la casa de Montalbano. Ubicada frente al mar, con su característico balcón y la playa que literalmente llega a la puerta, se vio decenas de veces en la serie. Al parecer se puede hacer una visita guiada por dentro, pero cuando nosotros fuimos estaba cerrada. De todas maneras, el lugar solo se usó para filmar el exterior, y las escenas de interiores se hicieron en estudio.


Siguiendo la costa hacia el este, hay otras dos paradas interesantes para cualquier fan que viaje por esos lugares. Donnalucata, una fracción marítima del municipio de Scicli, fue utilizada varias veces como escenario del paseo costero de Vigàta (el lungomare de Marinella), con la diferencia de que en la serie el paseo es una calle con tránsito y en la realidad es peatonal.
Y casi al lado, en Sampieri, se alza la ruina imponente que en la ficción se conoce como “la Mànnara”. En realidad es la Fornace Penna, una antigua fábrica de ladrillos de principios del siglo veinte situada junto a una hermosa playa. Esta estructura fue usada en varios episodios, entre ellos el primero, La forma del agua.


Entendiendo a Montalbano
Para ponernos a tono, Ro y yo vimos un par de capítulos de la serie. Queríamos entender qué atraía a Mamá y a tantos otros sobre esta serie, y reconocer los lugares que íbamos a visitar. La conclusión simple fue que no nos gustó. Se nos hizo lenta, inconexa, sobreactuada y algo ingenua.
La realidad es un poco más compleja y, como muchas veces cuando se trata de productos culturales, tiene que ver con gustos personales y expectativas. En El comisario Montalbano el crimen importa menos que cómo come Montalbano, cómo se relaciona con la gente, cómo lidia con la burocracia y cómo observa Sicilia. Los episodios son autoconclusivos y largos (alrededor de una hora y media), y se toman su tiempo para muchos silencios y escenas que parecen no llevar a nada (Montalbano almorzando con un amigo, mientras recuerda un episodio con su padre en la infancia).


Además, la serie tiene una moral ambigua pero estable, casi reconfortante. Montalbano duda, se enoja y a veces se equivoca, pero no es cínico. El Estado es torpe, pero todavía presente; el mundo es corrupto, pero entendible, no caótico ni desalmado como en otros policiales modernos. Entre charlas con Mamá y algunas lecturas en Internet, terminé por entender que al final El comisario Montalbano no se mira tanto para saber quién mató a quién, sino para pasar un rato con Montalbano en Sicilia.
No es poco, en los tiempos que corren.










Hermosa descripcion de los lugares visitados. Y si Montalbano es Sicilia y su cultura.