Los lugares más espectaculares de China

Desde que regresamos de China, muchos nos preguntaron: “¿y qué lugares visitaron?” Responder es difícil porque, en general, no suele sonar mucho más que Beijing y Shanghái. Y si bien son dos ciudades espectaculares, lo mejor del país probablemente se esconde en el interior, con nombres impronunciables y alguna que otra aparición en un reel de Instagram.

La montaña mítica

Aterrizamos en Huangshan a última hora de la tarde. El aeropuerto, muy pequeño, quedó vacío en pocos minutos, cuando se fueron los pasajeros del único vuelo que había llegado. Mientras esperábamos al Didi que enviaba el hotel, aproveché para estrenarme en una de esas sofisticadas sillas de masajes que hay por toda China.

En el trayecto, el chofer pecó de optimista e intentó sacarnos charla. Ro, poniendo en práctica sus clases de hace diez años en Rosario, logró decirle en un chino decente: “No hablamos chino”. La recepcionista del hotel fue más pragmática: le hablaba directamente a su celular y el aparato nos traducía, ¡al italiano! Es que, al viajar con ese pasaporte, asumió que era nuestro idioma nativo, y la comunicación ya era lo bastante caótica como para ponernos a explicarle la situación. Così è la vita…

Tras unas pocas horas de sueño, a las seis de la mañana ya estábamos en pie. En la recepción nos recibió una mujer bailando sola (quién pudiera arrancar las mañanas con esa energía) y, muy amable, nos indicó por señas el camino. Diez minutos a pie y ya estábamos en la entrada del Parque Nacional Huangshan.

Huangshan significa “Montaña Amarilla”, y es una cordillera famosa por sus picos de granito de formas raras, sus bosques de pinos y el “océano de nubes”. Este fenómeno ocurre cuando una capa densa de nubes se forma a baja altura y, desde arriba, parece un mar blanco que cubre el paisaje. Tras quince minutos de subida en colectivo, doblamos en una curva y tuvimos el primer vistazo del océano de nubes. El “¡oooh!” de los pasajeros fue unánime.

Además de su belleza, Huangshan tiene gran importancia en la mitología china: se dice que fue allí donde Huangdi, el Emperador Amarillo, ascendió al cielo. Huangdi es una figura mítica, considerado uno de los iniciadores de la civilización china, y se le atribuyen inventos como el calendario chino, el taoísmo, la brújula y las formas más antiguas de escritura. La montaña tomó así su nombre de esta leyenda.

Tras bajarnos del colectivo, un teleférico nos llevó aún más arriba. Arrancó a una velocidad que nos puso nerviosos a varios, pero la majestuosidad del paisaje nos distrajo enseguida. De todas formas, el cosquilleo en el estómago sería constante durante todo el día. Los senderos de la montaña se estrechaban cada vez más, y casi sin darnos cuenta terminamos en empinados caminos de piedra colgando del precipicio. Las vistas eran sobrecogedoras, y el vértigo también.

Más alto que las nubes

Si tuviera que hacer un ranking de todos los lugares que visitamos en China (cosa bastante complicada), al menos tengo una certeza: Zhangjiajie sería top 3. Esta región montañosa es famosa por sus miles de pilares de piedra o arenisca formados a causa de la erosión. Las montañas, estrechas y verticales, se elevan desde valles profundos, subiendo muchas veces sobre el nivel de las nubes y dando la sensación de que los pilares flotan en el aire.

En cuestiones más mundanas, Zhangjiajie suele asociarse con Avatar, la película de James Cameron. Pese al mito extendido (que en China no se molestan en refutar), Avatar no filmó nada en la zona, y Cameron niega siquiera haberse inspirado en Zhangjiajie para crear las montañas flotantes del ficticio planeta Pandora. Dadas las enormes similitudes entre un paisaje y otro, cuesta creerlo.

Lo que sí se filmó en Zhangjiajie fue la serie de Viaje al oeste de 1986, adaptación de uno de los grandes clásicos de la literatura china, del siglo dieciséis. La historia cuenta la travesía del monje budista Xuanzang hacia la India para obtener escrituras sagradas. En su camino lo acompañan tres discípulos, siendo el más famoso de ellos el Rey Mono, Sun Wukong. Este personaje se ha convertido en un auténtico símbolo nacional, que al día de hoy sigue vigente en forma de souvenirs, estatuas, personas disfrazadas y continuas adaptaciones cinematográficas. Además, la trascendencia de Viaje al oeste traspasó las fronteras de China, llegando por ejemplo a inspirar la creación de Dragon Ball, icónica serie de animación japonesa que reinterpretó de forma directa muchos elementos del libro.

Ro con Sun Wukong

Aunque cuando se habla de Zhangjiajie la atención suele centrarse en los famosos pilares de arenisca, la zona también alberga otro paisaje icónico: el Monte Tianmen. Este es famoso por su espectacular “Puerta del Cielo”, un enorme arco natural en la roca, de 57 metros de altura y ubicado a mil quinientos metros sobre el nivel del mar. A la Puerta se llega a través de un teleférico que demora una media hora en recorrer siete kilómetros y medio hacia arriba, lo que lo convierte en uno de los más largos del mundo.

El teleférico ofrece unas vistas dramáticas, en todos los sentidos de la palabra, pero al menos es mejor que la otra opción para subir a la montaña: la Ruta de las 99 curvas, un camino estrecho y serpenteante que, al menos durante nuestra visita, se encontraba en remodelación y fuera de uso.

La Puerta del Cielo
La Ruta de las 99 curvas

Otra alternativa es tomar un teleférico más corto hasta la base de la Puerta del Cielo y subir 999 escalones de piedra. Sin embargo los chinos, siempre prácticos, construyeron escaleras mecánicas que van por dentro de la montaña y te ahorran el sufrimiento.

El vértigo se multiplica una vez en la cima. Los senderos cuelgan literalmente de los acantilados, y hay pasarelas de vidrio que ofrecen perspectivas únicas. Ro, muy valiente, se animó a caminar por las tres disponibles, mientras que yo con una sola tuve más que suficiente.

En Tianmen, el fenómeno de las cumbres que emergen por encima de las nubes se aprecia con aún más claridad. Y cuando uno mira desde la base de los 999 escalones ese enorme arco natural, a través del cual las nubes pasan a gran velocidad, se entiende perfectamente por qué lo llaman la “Puerta del Cielo”.

Los colores de Internet

Durante años, el algoritmo de Instagram nos volvió locos con fotos de unas montañas de colores estridentes en algún lugar de China. Y aunque siempre desconfiamos de su autenticidad (es Internet, al fin y al cabo), no pudimos dejar de incluir ese destino en nuestro viaje.

El lugar en cuestión se llama Zhangye, y es una ciudad de un millón de habitantes en el noroeste de China. Llegamos en un tren de alta velocidad desde Xian, que a lo largo de más de mil kilómetros nos permitió ver cómo cambiaba drásticamente el paisaje. Al principio eran zonas agrícolas, campos cultivados y montañas bajas, pero a medida que el tren avanzaba el color se volvía más amarillento, y el terreno más seco. Tras una infinidad de túneles larguísimos, terminamos por salir a una amplia llanura semidesértica, con montañas altas en el horizonte y cumbres nevadas.

Como el hotel estaba lejos del centro y no teníamos ganas de salir, nos lanzamos a usar una app para pedir comida a la habitación. Y digo “lanzamos” porque estaba solo en chino, con lo cual íbamos traduciendo cada pantalla mientras apretábamos botones. La app resultó ser una maravilla, y en menos de una hora un repartidor tocaba la puerta de la habitación con nuestra comida. El hotel no era tan avanzado como el de Dunhuang, por ejemplo, donde un robot subía los pedidos por el ascensor y llamaba por teléfono para avisarte que estaba en la puerta.

Pero no habíamos viajado hasta Zhangye para pedir delivery al cuarto, así que a las cinco de la mañana madrugamos para tomar un Didi al Parque Geológico Nacional Zhangye y ver el amanecer en las montañas de colores. Estaba casi vacío a esa hora, y la actividad turística se había relajado muchísimo tras el torbellino de la semana nacional de vacaciones, así que ni siquiera tuvimos que hacer fila para comprar las entradas y subirnos al primer minibus que entraba al parque.

La zona está dividida en cuatro grandes áreas, con plataformas y miradores en cada una, conectadas por minibuses que pasan a cada rato llevando y trayendo gente. A diferencia de otros lugares turísticos de China, los servicios no están sobreexplotados. Sí, hay baños y cafeterías, y no falta esa extraña afición nacional de pasar música ambiental por unos altavoces de baja calidad, pero todo a pequeña escala y sin perturbar en absoluto el paisaje.

Y hablando de paisaje… Por una vez, el algoritmo de Internet no nos engañó. Las montañas de Zhangye son realmente impresionantes, con infinitas combinaciones de rojo, naranja y amarillo, que cambian de tonalidades según la hora del día. Tuvimos, además, suerte con el clima, ya que brillaba el sol y los colores se veían más intensos.

Seguramente más de un influencer se pasa con la saturación cuando sube fotos de este lugar a Tik Tok, pero es innecesario. El Parque Geológico Nacional Zhangye es uno de los destinos más increíbles de China por mérito propio.

El futuro llegó hace rato

Cuando se piensa en China, muchos imaginan rascacielos, luces de neón y autopistas de dieciséis carriles, pero pocos piensan en las increíbles maravillas naturales que el gigante asiático alberga. Aun así, el estereotipo de las mega-ciudades también existe, y para comprobarlo fuimos a la más grande de todas: Chongqing.

Con 32 millones de habitantes, es la ciudad más poblada del mundo en límites administrativos. También es una estrella de las redes sociales, donde se encuentran innumerables videos que la muestran como una especie de Blade Runner real: un escenario cyberpunk en el que conviven la alta tecnología y un inconfundible aire de decadencia urbana.

No es ninguna sorpresa que para contener a tal cantidad de gente hacen falta muchos edificios. La ciudad los tiene por doquier, y el estándar es de treinta pisos para arriba. Además, al estar construida en una zona montañosa, muchas calles son empinadas, curvas o escalonadas, y el paisaje urbano adquiere ciertas curiosidades. La plaza Datang, por ejemplo, tiene uno de sus lados al nivel de la calle, y otro limita con el piso veintidós de un edificio.

En la misma sintonía, una de las líneas de monorriel de Chongqing atraviesa el interior de un edificio residencial. Como en esa zona de la ciudad la montaña cae casi recta hacia el río, dejaba muy poco terreno disponible para construir una estación al nivel de la calle. Entonces, cuando se proyectó la línea 2 del monorriel, los ingenieros idearon construir el edificio y la estación al mismo tiempo, para aprovechar mejor el espacio. Además, equiparon todos los vagones con ruedas de goma y sistemas de aislamiento de vibraciones, lo que lo hace muy silencioso.

Nosotros subimos al primer vagón de la línea para experimentar la entrada al edificio, pero la verdad es que desde adentro no se aprecia gran cosa. Así que nos bajamos en la estación de Libiza (la del edificio en cuestión) y bajamos hasta una explanada junto al río, donde se amontonaban los turistas para sacar fotos. Hacía un calor aplastante así que no duramos mucho bajo el sol. Buscamos refugio en uno de los laberínticos pasillos del metro donde, motivados por la misma idea, mucha gente estaba instalada con almohadones en el piso, jugando a las cartas y apostando. La timba pública es otra de las pasiones chinas.

El pack básico de las rarezas de Chongqing se completa con Hongyadong, un antiguo complejo de casas construido sobre terrazas y estructuras elevadas, con once pisos que van descendiendo al nivel de distintas calles hasta llegar al río. En su origen, hace más de dos mil trescientos años, Hongyadong fue una fortaleza militar, pero en el siglo veinte se transformó en un centro comercial muy activo, repleto de tiendas, restaurantes, exposiciones y miradores. Por su entramado laberíntico, sus pasarelas a distintas alturas y su cálida iluminación nocturna, es muchas veces asociado con el baño termal de El viaje de Chihiro, aunque no haya inspiración directa.

Personalmente, la ciudad no se me hizo todo lo cyberpunk y futurista que dicen en las redes. Si hablamos de abundancia de neones y cierta decadencia urbana (fachadas viejas, cables enmarañados cruzando las calles, edificios que apenas dejan espacio para circular), Tokio y Hong Kong me lo parecen mucho más. De todas maneras, para ser una mega ciudad, Chongqing es bastante linda. La geografía montañosa ayuda, al igual que la cantidad de espacios verdes y el río Yangtsé que atraviesa la ciudad.

Hongyadong

Nos quedó pendiente presenciar el espectáculo de drones que forman figuras gigantes en el cielo, que desde principios de 2025 se realiza todos los sábados por la noche. Bueno, “casi” todos los sábados, porque justo el sábado con el que hicimos coincidir nuestro viaje (a base de cambiar trenes, hoteles y planes hasta último momento) decidieron cancelarlo.

Así es China, siempre hay algo más, una experiencia que se nos escapa, un lugar increíble que hasta hace dos segundos no sabías que existía. Después de tres semanas viajando por este país, más que pensar en los lugares que visitamos, nos es imposible no imaginar los lugares que nos quedaron por ver. Los pueblos antiguos de Yunnan,  la “ciudad de hielo” de Harbin, la estatua gigante de Mao en Changshá, los Montes Wudang donde se originó el kung fu, los innumerables tramos de Muralla, el Tíbet. La lista, en vez de acortarse, no ha hecho más que crecer.

Habrá que volver.

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