Cinco cosas curiosas que vi en Vietnam

Uno de los aspectos más interesantes de viajar a un país lejano, del que no se tiene mucho conocimiento, son todas las cosas con las que es posible sorprenderse, por diferentes, por desconocidas o por bizarras. Vietnam no fue la excepcion, y nos dejó una serie de elementos de color que nos sacaron una sonrisa y dispararon más de una reflexión.

Y antes de empezar con la enumeración, solo quisiera aclarar que las “curiosidades” son culturales y temporales. Culturales, porque dependen de las experiencias de vida y los conocimientos de cada uno; y temporales, porque lo que nos sorprende hoy quizás no nos sorprendería en el futuro o en el pasado.

Ahora sí, empecemos.

Las limusinas

En Vietnam este término no está asociado a autos largos de lujo, sino a unos vehículos utilitarios medianos que pueden transportar entre ocho y doce pasajeros. Lo llamativo del caso, y la razón por la que se llaman limusinas, es que están equipados con unas comodidades por encima de un utilitario de pasajeros normal. Los asientos son muy grandes, estilo butaca de cine (pero de buenos cines), se reclinan y, lo mejor de todo, ¡son masajeadores! Cada uno tiene una serie de botones en el apoyabrazo para controlar qué zona del cuerpo se quiere masajear (piernas, lumbar, dorsal, nuca, etc), con qué intensidad y con qué tipo de intervalo. Como detalle de color, la limusina que nos llevó de Hoi An a Hué tenía además una almohada de viaje con la forma de Totoro en cada asiento.

Tintín en Vietnam

Esta es bastante personal, ya que intuyo que a la gran mayoría de los turistas no le llama en absoluto la atención la gran cantidad de remeras y pósters que se venden con lo que parece ser la tapa del álbum “Tintín en Vietnam”. ¿Cuál es la curiosidad? Que no existe tal álbum. A lo largo de sus aventuras, el personaje creado por Hergé visitó lugares como la Unión Soviética, el Congo, China y Estados Unidos, pero nunca se acercó a Vietnam. ¿De dónde sale esta tapa apócrifa, entonces? No logré averiguarlo, pero no deja de resultarme llamativo que comercialicen tanto una figura del mundo del cómic francófono (aunque Hergé era belga, la lengua es la misma que la de los invasores franceses de Vietnam), y que además siempre ha sido abiertamente racista y degradante con los países por fuera del llamado “primer mundo”. Seguimos investigando.

La campera-ventilador

En la discusión del “mejor invento de la historia” nunca faltan la rueda, la electricidad, el papel y las medialunas, pero desde que visitamos Vietnam tengo que agregar uno más: la campera-ventilador.

Fue en el templo de Bai Dinh, en la provincia de Ninh Binh, donde nos topamos con esta maravilla. Hacía 45 grados a la sombra y un tipo se paseaba lo más ufano con una ancha campera, sin ni una gota de sudor a la vista. ¿Cómo era posible? El secreto estaba en dos pequeños ventiladores (del tamaño de un cooler de computadora), instalados a ambos lados de la campera, que funcionaban a batería y refrescaban al hombre por dentro. El mundo no está preparado para esta tecnología.

Los sleeper bus

A priori, un colectivo dónde todos los asientos se convierten en cama parece una idea excelente, pero en la práctica no nos resultó muy cómodo este tipo de transporte tan extendido en Vietnam. Para empezar, los asientos solo tienen una posición, a unos 20 grados de inclinación. Es decir que no se puede ir sentado, pero tampoco completamente acostado. Mantener esa posición durante un trayecto de varias horas puede volverse complicado, sobre todo porque el espacio para las piernas es muy reducido (yo apenas mido 1,70 y no llegaba a estirarme), el techo es super bajo (con lo cual tampoco es posible erguirse sin golpearse la cabeza) y los asientos no tienen espacio ni abajo ni arriba para poner el equipaje de mano, así que hay que llevarlo encima.

Como curiosidad extra dentro de la curiosidad, a los sleeper bus no se puede subir con calzado. El chofer te da una bolsa de plástico para que los guardes y te lo lleves a tu asiento, y en las paradas coloca un cajón con ojotas junto a la puerta del colectivo, que se pueden usar para ir al baño o a comprar comida y luego volver a dejar en el cajón antes de subir para seguir camino.

El karaoke móvil

Ya mencioné en una nota anterior la fascinación de los vietnamitas con el karaoke. Y ésta llega a tal punto que en las calles del barrio antiguo de Hanói hay personas que ofrecen este servicio en una modalidad “móvil”. ¿Cómo funciona? Van arrastrando un enorme parlante con ruedas y un micrófono inalámbrico, y cualquiera que esté comiendo en la vereda lo puede alquilar por un número determinado de canciones, cuyas letras van leyendo en el celular. Así se hacen “shows” de lo más improvisados en medio de la calle, con el resto de comensales y transeúntes como espectadores ocasionales.

Algún filósofo dijo una vez que era más importante tener curiosidad que comprensión. Vietnam fue sin dudas un lugar curioso para nosotros, y brindo por eso.

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