Un lugar llamado Kopu

Kopu es un lugar raro. Técnicamente es una localidad, pero no tiene habitantes estables. Son cuatro cuadras, donde no hay ni una casa, sino pequeñas empresas, un outlet de ropa interior, un kiosco, un hotel, un bar, una estación de servicio y el motel donde nos estamos alojando. Se recuesta sobre la ladera de un monte, donde a la noche se escuchan ruidos extraños, y hay una sola conexión wifi, que se capta en los lugares más incómodos y solo durante unas pocas horas al día. Tal singular paraje es nuestro hogar actualmente.

El trabajo viene lento. La temporada de blueberries todavía no explotó, por lo que hacemos la recolección dos o tres días por semana. Lo bueno es que está bastante bien pago, así que con eso nos alcanza para vivir. Lo malo es que no nos estamos haciendo ricos. Pero nuestro contratista indio, Dharma, nos aseguró que en enero la situación va a mejorar. En él confiamos.

Picada de Navidad

Mientras tanto, tenemos que organizar actividades para mantenernos ocupados. Con los argentinos que viven al lado nuestro compramos una pelota de fútbol y jugamos un partido. Literalmente: un partido. Porque al terminar el encuentro descubrimos que la pelota se había pinchado. Fuimos a reclamar y milagrosamente accedieron a cambiarla por otra. Volvimos contentos con nuestra nueva adquisición y nos pusimos a jugar unos minutos al fútbol-tenis. Literalmente: unos minutos. Porque en un tiro largo la pelota se fue a los árboles y volvió a salir pinchada. A diferencia de la primera vez, que no habíamos hecho nada, en esta ocasión parecía ser nuestra culpa. De todas maneras volvimos a ir al local a reclamar y, ¿adivinen qué? ¡Volvieron a cambiarnos la pelota! Es más, nos dejaron pagar diez dólares extras y llevarnos una Wilson de mejor calidad.

Con esta nueva y mejorada pelota jugamos un partido, lo soportó muy bien, pero en la segunda ocasión que la usamos repitió el destino de sus predecesoras. Sí, aunque parezca increíble pinchamos tres pelotas en dos días. A Nueva Zelanda no le gusta el fútbol.

Hot Water Beach

También hacemos algunos paseos, como el viaje a la curiosa playa de Hot Water Beach, donde hay un extraño río subterráneo que provoca que al cavar en la arena salga agua muy caliente (en algunas zonas hasta hirviendo). El negocio es alquilarte una pala por cinco dólares, pero nosotros usurpamos un pozo abandonado para gozar de las bondades de ese spa natural.

En el medio llegó la navidad, la cual la pasamos comiendo fideos con salsa entre argentinos, porque la carne es un poco cara y no tenemos dónde hacer fuego. Después de las doce fuimos visitados por Marion, la dueña del motel, que nos invitó con unos bocaditos dulces de su producción a cambio de tomarse nuestra cerveza.

Hay algunos videos listos para subir, pero la banda ancha de Kopu atenta contra la posibilidad de compartirlos con ustedes. Tendrán que esperar. Mientras tanto, les deseamos un feliz año nuevo y que 2014 nos encuentre unidos y llenos de dólares. ¡Salud!

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