Un viaje a la nostalgia

El barrio de San Telmo, en Buenos Aires, es una invitación a la nostalgia. Sus calles empedradas, sus casonas históricas y algún que otro tango que sale de los bares, nos remontan al pasado. Y no hace mucho, San Telmo sumó otra atracción a tono con la melancolía: el Paseo de la Historieta.

Se trata de un recorrido por el barrio, siguiendo una serie de murales y estatuas que homenajean a personajes icónicos de la historieta argentina. Aunque la mayoría están en San Telmo, el paseo también abarca partes de Monserrat y Puerto Madero.

Hijitus y Larguirucho, Paseo de la Historieta de Buenos Aires.

El Paseo de la Historieta se inauguró en julio de 2012, y cuenta con más de veinte personajes de la historieta argentina y casi diez murales. Las figuras, realizadas en tamaño real, son obra del artista plástico Pablo Irrgang.

Entre nuestros favoritos del recorrido, podemos nombrar a varios. Por empezar, Mafalda, la genial creación de Quino, cuya visión reflexiva y crítica de la sociedad nos sigue dejando enseñanzas. Tan así, que un libro de Mafalda fue lo que elegimos regalarle a Miyu, nuestra amiga japonesa, cuando vino a la Argentina. Como acababa de cumplir treinta años y tenía ciertos dilemas existenciales, nos pareció que Mafalda podía ayudarla más que cualquier psicólogo o libro de autoayuda.

Mafalda, Paseo de la Historieta de Buenos Aires.

Tampoco podemos dejar de nombrar a Isidoro Cañones, personaje de Dante Quinterno, con el que prácticamente aprendí a leer. El “playboy mayor de Buenos Aires” siempre me sacó una sonrisa, entre sus desencuentros con el tío y sus aventuras por el mundo. Además, puede disfrutarse a cualquier edad. A medida que uno va creciendo, va entendiendo más cosas de la trama, que se nos escapaban cuando éramos chicos.

Isidoro Cañones, Paseo de la Historieta de Buenos Aires.

Los personajes de Manuel García Ferré también dicen presente. Hijitus, Larguirucho, Neurus, Pucho (¡que es rosarino como nosotros!) y otros, que fueron compañeros inseparables de merienda durante mi infancia.

Los nombres se siguen acumulando. Yo Matías (Sendra), Clemente (Caloi), Diógenes y el Linyera (Tabaré), Don Fulgencio (Lino Palacio), Don Nicola (Hector Torino) y más. Casi sobre el final, ya en Puerto Madero, encontramos al querido Inodoro Pereyra, acompañado de su inseparable perro, Mendieta, creación del irremplazable Negro Fontanarrosa.

En definitiva, el Paseo de la Historieta de Buenos Aires viene a rendir homenaje a un genero esencial de la cultura argentina. Porque las historietas no son, como algún cínico podría llegar a definir, una astuta combinación de tinta y papel. Es una parte fundamental de nuestra identidad nacional, que refleja las características y los estilos de vida de todos los argentinos.

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