Cuando calienta el sol

El verano es un asunto serio en Dinamarca. Con una temperatura récord de 36.4 grados en 1975 y un promedio de ciento ochenta días de lluvia al año, es entendible que se le otorgue cierta importancia a la estación más cálida del año. Los daneses incluso tienen su propio festival para celebrar la llegada del verano: la Sankt Hans Aften, o Noche de San Juan.

La festividad se lleva a cabo todos los 23 de junio y para la ocasión se encienden grandes fogatas en lugares públicos, mientras la gente se reúne alrededor para cantar, comer y tomar cerveza. La tradición de las fogatas se remonta a muchos años atrás, cuando los daneses eran paganos. Por ese entonces, se creía que el 21 de junio, el día más largo del año, era muy beneficioso para recoger hierbas con efectos curativos. Lamentablemente, las brujas y hechiceros también lo creían así, y durante esa jornada rondaban por ahí más activos que de costumbre. Para mantener alejados a estos personajes, la gente bien encendía fogatas.

¿Y qué pasa con esos dos días de diferencia entre el 21 de antes y el 23 actual? Es que alrededor del año mil los daneses, al igual que sus vecinos escandinavos, abrazaron el cristianismo, y tuvieron que “adaptar” sus tradiciones paganas para no irritar a la Iglesia. Por eso se les ocurrió fusionar la celebración del Midsummer (el comienzo del verano) con la víspera del nacimiento de Juan el Bautista, quien bautizó a Jesús. San Juan habría nacido un 24 de junio, así que recordarlo la noche anterior, como se hacía con la Navidad, tenía sentido.

En algún momento entre el año mil y el presente Dinamarca dejó de lado el catolicismo y se hizo protestante, pero esa es otra historia. De todas maneras, en la actualidad la Sankt Hans Aften ya no se considera una festividad religiosa, y el 24 de junio ni siquiera es feriado.

Brujas y alemanes

Para acercarnos a las tradiciones locales, la tarde-noche del 23 fuimos al Byparken de Roskilde a presenciar la Sankt Hans Aften. Había muchísima gente instalada a lo largo y a lo ancho del enorme parque, con su atención puesta en dos focos: un coro de niños y una pila gigante de madera custodiada por los bomberos. Al poco tiempo de ubicarnos nos ofrecieron un cancionero, para que nos uniéramos a la multitud que coreaba los hits. Había tres canciones, con nombres bastante curiosos: Du danske Sommer, jeg elsker dig (“Verano danés, te amo”), Den danske sang er en ung blond pige (“La canción danesa es una joven muchacha rubia”) y Vi elsker vort land (“Amamos a nuestro país”).

Descartada la posibilidad de siquiera entonar fonéticamente esas palabras extrañas, concentramos nuestra atención en la pila de madera. Mientras los bomberos comenzaban a esparcir combustible para encenderla, una fila de gente (mayormente niños) con antorchas empezó a descender la colina del parque y se acercó a la fogata. Cuando llegaron, los bomberos fueron tomando sus antorchas y colocándolas en la pila, que no tardó en comenzar a arder. Las llamas rápidamente se elevaron al cielo y alcanzaron una especie de espantapájaros que habían colocado en lo alto de la pila de madera. Excepto que no era un espantapájaros, sino la representación de una bruja. Incluso, para darle más realismo a la escena, entre sus ropas habían escondido cañitas voladoras, que al ser alcanzadas por el fuego emitían un sonido agudo, muy similar a lo que podríamos llamar el grito de una bruja.

La idea del muñeco en llamas rememora las viejas tradiciones de antaño, cuando se prendía fuego a alguna que otra mujer acusada de hechicería. La quema de brujas finalizó oficialmente en Dinamarca en 1693 con la ejecución de Anne Palles, acusada de hechizar a un agente judicial para que se sintiera incómodo en su casa, asesinar a una mujer que había bailado con su esposo y echar a perder la cosecha de un granjero.

La “bruja” antes de empezar a arder

Los daneses juran que la fogata de Sankt Hans Aften no tiene nada que ver con esta historia. En cambio, afirman que la idea de la fogata gigante y la bruja en lo alto llegó a principios del siglo veinte con los inmigrantes alemanes (alemanes, sabía que eran ellos), quienes en su país de origen tenían algunas celebraciones que incluían la quema de muñecos.

Poco después de que la fogata se extinguiera, y con el sol aún desapareciendo en el horizonte (pese a ser ya las once de la noche), comenzó el espectáculo de fuegos artificiales, que daba por terminada la celebración. El verano quedó oficialmente inaugurado y los espíritus se mantuvieron a raya. Hasta el próximo año, al menos.

Nada mal para terminar el día
¿Te gustó este artículo? Compártelo
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email this to someone
email

2 comentarios en “Cuando calienta el sol

  1. Los daneses tienen una relación irreconciliable (por lo menos por ahora) con los alemanes… Dicen que por la ocupación en la Segunda Guerra Mundial pero se nota que viene de mucho mas atrás… si hasta traen las peores cervezas alemanas para desprestigiar su nombre…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *