No volé con FlyBondi y te cuento por qué

Yo quise creer. Yo fui uno de los que dijo que había que darles tiempo. Que los medios de comunicación emprendían una campaña desmedida e injusta contra la empresa, vaya uno a saber a favor de qué intereses. Que estaba perfecto que el monopolio aéreo argentino se rompiera y más gente tuviera la posibilidad de volar. Que no estaba mal que cancelaran vuelos si había razones de seguridad para hacerlo.

Yo siempre defendí a FlyBondi, hasta ahora.

Primero, una aclaración: muchas de estas cosas todavía las creo y las defiendo, especialmente en lo que hace referencia a las aerolíneas low cost en general. Desde mi punto de vista, no son un problema, y en todo el mundo funcionan como una gran alternativa a las aerolíneas tradicionales, cada una con su público. No son low cost porque se ahorran el mantenimiento de los aviones, sino porque operan en aeropuertos con tasas más económicas, no usan servicios de rampa ni de colectivos para llegar al avión, no vuelan en horarios pico, no tienen clase ejecutiva, salones VIP ni programas para acumular millas, y cobran el equipaje y la comida aparte, entre otras cosas. Insisto, no hay (o no debería haber) ahorro en temas de seguridad. Las low cost tienen que cumplir con las mismas medidas de seguridad que cualquier otra aerolínea de cualquier país y en cualquier aeropuerto.

En definitiva, en todos los continentes hay aerolíneas low cost, que funcionan bien, generan puestos de trabajo y conviven con los trenes, los colectivos y otras aerolíneas. Este no es el problema en mi caso.

¿Entonces?

Con todo el entusiasmo, hace algún tiempo compré pasajes de FlyBondi para viajar a las Cataratas del Iguazú en diciembre. El precio era muy atractivo, y quizás el único pequeño inconveniente es que la aerolínea opera desde el aeropuerto de El Palomar, que todavía no está tan bien conectado como Aeroparque. Pero esto es apenas un detalle. Para los que no vivimos en Buenos Aires, nos da absolutamente lo mismo ir a un lugar o a otro.

A las pocas semanas volví a comprar otro pasaje de FlyBondi, en este caso para volar a Bahía Blanca. Así que ya tenía dos viajes programados con la “polémica” aerolínea (adjetivo fetiche de los medios de comunicación cuando quieren imponer su visión crítica de los hechos sin hacerse cargo de nada).

Un mes antes del viaje a Bahía me llegó un mensaje de WhatsApp avisándome que el vuelo de ida había sido cancelado, y que me lo reprogramaban para el día siguiente. Como viajaba para hacer un trámite, en una fecha muy específica, el cambio no me servía. Así que me puse en contacto con la empresa vía email y pedí la cancelación del pasaje y la devolución total de lo pagado. Me respondieron, se disculparon con las excusas de rigor y a los diez días tenía el dinero de vuelta en la cuenta.

Se encendió una pequeña alarma en mi interior. No había llegado ni a decidir cómo llegar al aeropuerto que ya me habían cancelado un vuelo. Además, la comunicación solo me había llegado por WhatsApp, cuando ameritaba al menos un email o una llamada. Y por sobre todas las cosas, me ponían en la obligación de conseguir otra forma de trasladarme a Bahía Blanca a contrarreloj. Y Argentina no es un país que se caracterice por su múltiple oferta de transporte. Pero en fin, al menos tenía la plata, así que lo dejé pasar.

Avanzo un poco más en el tiempo. Un mes antes de viajar a las Cataratas me llegó otro WhatsApp de FlyBondi: el vuelo de regreso había cambiado de horario. Como no significaba ningún problema, no le di mucha importancia. A los pocos días me puse a buscar traslado desde Rosario a El Palomar. Encontré un colectivo a buen precio, pero antes de comprarlo se me dio por entrar a la página web de FlyBondi y chequear que las fechas y los horarios de vuelo estuvieran en orden. Tantos cambios me habían mareado.

Lo que encontré me dejó atónito: el pasaje de vuelta estaba tal cual lo había comprado, exceptuando el cambio de horario que ya me habían notificado. ¡Pero el de ida estaba un día atrasado! Yo había comprado para el 1 de diciembre, y en la página el vuelo figuraba el 2. Por las dudas comprobé mi reserva, no fuera a ser cosa que me hubiese equivocado con las fechas, pero no era el caso. Lo habían cambiado ellos, y encima con el agravante de no haberme notificado.

Enseguida le escribí a FlyBondi, y rápidamente me confirmaron que lo que figuraba en la web era correcto: el vuelo del 1 se había cancelado y me habían reprogramado para el 2. Las excusas de siempre: “Los vuelos están sujetos a re programaciones que se podrán efectuar sobre el horario de salida del vuelo y estarán sujetos a diversos factores como cuestiones climáticas, cuestiones operativa o aeroportuaria”. Yo entiendo, pero la realidad es que en todos los vuelos que me he tomado en los últimos años (y la gran mayoría de ellos low cost) nunca antes me había pasado nada parecido. Con FlyBondi me pasó dos veces en el lapso de unos pocos meses.

Pero lo peor de todo fue la falta de comunicación al respecto. Una semana después de pedir la devolución de los vuelos a las Cataratas me llegó otro WhatsApp de la aerolínea, explicando que el vuelo del 1 de diciembre se había cancelado debido a la Cumbre del G20. Perfecto, pero, ¿por qué no me avisaron antes? ¿Desde hace cuánto tiempo lo sabían? Como dije, yo entré a la web diez días antes de esta notificación y el vuelo ya había cambiado de fecha. Conclusión: me voy en colectivo, en un viaje de veinte horas.

La plata del vuelo cancelado me la van a devolver, lo que no me van a devolver es la confianza. Yo lo intenté, dos veces, incluso desoyendo las denuncias de incidentes de sus propios empleados, la precarización laboral de los mismos y los presuntos favores gubernamentales para que la aerolínea esté operativa (https://www.revistacrisis.com.ar/notas/radiografia-del-avion-amarillo).

No va a haber una tercera.

Foto de portada: FlyBondi.com

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