En busca de la medialuna perfecta

Como alguien que ha pasado cierto tiempo fuera de Argentina, una de las preguntas recurrentes que me hacen es “¿qué es lo que más extrañás del país?”. El interrogador suele esperar una respuesta del tipo “la familia”, “los amigos” o “el asado”, pero mi elección los sorprende: lo que más extraño de Argentina son las medialunas.

Esta pequeña masa hojaldrada se conoce en el resto del mundo como croissant (croissant en español significa creciente, es decir, la media luna), aunque no es lo mismo. Las medialunas tienen más consistencia, son más tiernas y están pintadas con una capa de almíbar (las “dulces” al menos). Me gustan tanto que no les encuentro equivalencias en ningún otro lugar, y este blog tiene al menos una media docena de artículos donde las menciono por una u otra razón.

Así que aprovechando un viaje temporal a Argentina, dediqué mis días en la madre patria a un único anhelo: encontrar la mejor medialuna del país. Después de un concienzudo estudio de campo, estos fueron los resultados.

Havana Ezeiza 

El primer testeo lo hice apenas bajado del avión. El Aeropuerto Internacional de Ezeiza no tiene demasiadas confiterías fuera de la zona de pre-embarque, así que me tuve que conformar con Havana, que se caracteriza por sus alfajores y no por sus medialunas.

Fuimos a pedir al mostrador, pero a la hora de pagar el posnet del local rechazó nuestras dos tarjetas de débito. La empleada nos preguntó con una sonrisa si no teníamos otra tarjeta, a lo cual respondimos que no, que esa funcionaba siempre, y que hasta habíamos pagado un café en el avión, en medio del océano Atlántico, hacía apenas un par de horas. Así que sacó otro posnet que tenía por ahí, y esta vez la transacción fue exitosa. Eso sí, antes de retirarnos a nuestra mesa tuvimos que presentar el DNI, poner el pin en el aparato y firmar el recibo.

Una de las consecuencias de pasar algún tiempo fuera de Argentina es que se pierde noción de los precios. La economía inestable provoca que nunca se esté muy seguro de si se está pagando mucho, poco o un monto razonable por algún producto. Aunque a juzgar por el negocio y el contexto (Havana ya de por sí tiene fama de caro, y encima en un aeropuerto internacional), me parece que entramos en la primera categoría: 185 pesos por un café con leche y dos medialunas.

Encima la calidad no estaba a la altura del costo. No tenían mucho sabor, se notaban secas y eran pequeñas. Lo que se dice un mal comienzo.

Resumen

Calidad: Deficiente

Precio: Elevado

Esquina Dulce

Si viajar a Argentina lleva tiempo de por sí, peor es tener que hacerlo a otra ciudad que no sea Buenos Aires. Y aunque Rosario esté a solo trescientos kilómetros y tenga un tamaño considerable, la poca frecuencia de vuelos y trenes nos llevó a tomarnos un colectivo desde Ezeiza, que demoraba unas cuatro horas en llegar. Apenas nos subimos el chofer dio algunas recomendaciones por micrófono:

—El baño es para lo “primero”, no para lo “segundo”. Si hay una emergencia, nos dicen y paramos.

Ya instalados en la ciudad de pobres corazones (Fito Páez dixit), mi primera incursión gastronómica me llevó a un bar cerca de donde nos estábamos alojando. Es decir, una elección por cercanía geográfica más que por búsqueda de calidad en sí. Era una heladería donde también servían café y facturas, en una esquina cercana al microcentro rosarino.

En este caso el contexto jugaba a mi favor, y por lo tanto el precio de un café con leche y dos medialunas se redujo a unos simbólicos ochenta y cinco pesos. Por esa minucia no había demasiado que exigir, aunque estaban mejor que en Havana. Más tiernas, aunque les faltaba almíbar.

Resumen

Calidad: Decente

Precio: Módico

Café Newport 

Buscando una gama media, me acerqué a un tradicional bar del centro de Rosario, enclavado en una esquina por demás ruidosa, donde cruza una calle peatonal. Colectivos, taxis, motos y autos se movían en una especie de coreografía caótica, donde las bocinas, los gritos y los motores eran la banda sonora. Los peatones eran actores de reparto: agazapados en busca de un hueco para cruzar, porque eso de frenar y dar paso está muy sobrevalorado. 

El precio del bar era un poco más caro que la heladería, pero no una locura. Y aunque las medialunas no se veían muy bien, me llevé una sorpresa al comprobar que el sabor era excelente. Esponjosas y livianas, con una dosis justa de almíbar.

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Calidad: Superior

Precio: Razonable

El Ateneo

Mientras caminaba por la peatonal de Rosario rumbo a mi siguiente destino de cata, pensaba que Argentina es el país de los contrastes. El contraste entre clases sociales, sin dudas, pero también el contraste entre el país que intenta ser y el que puede ser. Por ejemplo, los colectivos tienen un sistema online que informa cuando llegan las diferentes líneas, como en muchos lugares del mundo, pero su funcionamiento es deficiente y no se lo puede tomar en serio. O se ve gente con monopatines eléctricos, pero las calles están llenas de baches. O en Ezeiza, que hay una senda peatonal para que los pasajeros lleguen al estacionamiento, pero de todas maneras tienen que poner un empleado a frenar el tráfico, porque ningún vehículo cede el paso.

Al entrar a El Ateneo me di cuenta de otra cosa que extraño de Argentina: las librerías. Por supuesto que las hay, y muy lindas, en cualquier lugar del mundo, pero esa sensación de que todos los libros están en español y se puede elegir a voluntad es impagable.

En cuanto a las medialunas, tenían un precio que ya había empezado a identificar como normal y estaban bastante bien. Esponjosas y con la cantidad justa de almíbar, aunque algo pequeñas.

Tardaron bastante en atendernos porque el bar estaba lleno, a pesar de ser las once de la mañana de un día laborable. O bien muchos estaban llevando a cabo un estudio similar, o la productividad en Argentina está por los suelos.

Resumen

Calidad: Adecuada

Precio: Sensato

Nuria

Por nombre, Nuria es uno de los mejores fabricantes de medialunas de Rosario. Pero como no soy una persona superficial (?), fui personalmente a comprobarlo. Elegí la sucursal más céntrica, que está dentro de una librería llamado Homo Sapiens. Una combinación idéntica a la de El Ateneo: medialunas más libros. ¿Qué puede salir mal?

Aunque solo estaba a unas pocas cuadras, llegar a la cafetería fue una pequeña odisea. Tuve que atravesar la peatonal bajo unos inclementes 36 grados, sorteando en el medio vendedores de pañuelos descartables, revistas alternativas, planes de celular, tarjetas de crédito y gente que pedía limosna. Caminar por las ciudades argentinas te obliga a endurecer el corazón, porque en la convicción de que “no los puedo ayudar a todos” mirás para otro lado y le das la espalda a todos los necesitados que pueblan la calle.

Volviendo a Nuria, las medialunas les hacían honor a su fama. Aunque hubiese agregado un poco más de almíbar, tenían una consistencia perfecta y un sabor delicioso. Sin dudas de lo mejor que probé, y firme candidata al título de la mejor medialuna del país.

Resumen

Calidad: Soberbia

Precio: Ecuánime

Moka

Este bar lo encontré de casualidad mientras hacía tiempo en el macrocentro de Rosario. Era un lugar pequeño, en una esquina y con cierto estilo (almohadones, sillas de hierro, cartelitos en las paredes), lo que ya me hacía sospechar que no era nada barato.

Dicho y hecho. Ciento cuarenta por el café con leche y las dos medialunas, lo más caro de la ciudad, en un bar que no lo conoce nadie. Y lejos de merecer ese precio, las medialunas estaban secas por dentro y chorreaban almíbar por fuera, una mala combinación. 

Para ser justos, estaba algo lleno cuando entré a Moka, y fui más por obligación que por placer. Los argentinos sienten que la mejor forma de recibir a alguien es invitarlo a comer, desde asado y empanadas hasta pollo al disco y pizzas caseras. Por eso no es de extrañar que haya regresado con cinco kilos de más. En fin, las medialunas de Moka las comí sin ganas. Otra vez será.

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Calidad: Penosa

Precio: Desproporcionado

Vai Avanti 

De nuevo en Buenos Aires por 48 horas antes de abandonar el país, nos metimos en un sofisticado bar de Nuñez para continuar el estudio. Cinco minutos ahí y ya notamos que Buenos Aires es otra cosa. A pesar de que Rosario supera el millón de habitantes, a veces parece un pueblo en comparación a la capital nacional. Nos atendió un veinteañero de barba hipster, que ni se inmutó cuando le pedimos leche sin lactosa con el café. Ante el mismo requerimiento, en Rosario, un mozo se nos había quedado mirando como si le estuviésemos hablando en arameo. El veinteañero de Nuñez usaba además lenguaje inclusivo, nos preguntó qué tan fuerte queríamos el café y si deseábamos calentar la taza, porque la bebida iba a estar tibia.

Tanta palabrería podría haber sido puro humo, si no fuera porque las medialunas estaban riquísimas. La cantidad justa de almíbar, el dulzor preciso y esponjosas, aunque quizás un poco aireadas. Derecho a pelear el “uno” con Nuria.

Por supuesto que tan buen servicio no iba a salir gratis. Pagamos lo mismo que en el Havana de Ezeiza, siendo que en la ciudad debería ser algo más barato. En fin, lo bueno sale caro (?).

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Calidad: Excelsa

Precio: Astronómico

Biblos

Mi concienzudo estudio de campo concluyó la última mañana en Argentina, en una cafetería bastante céntrica de Buenos Aires. Nos atendieron con mala cara porque queríamos ir al primer piso, que si bien estaba abierto el mozo nos hizo saber deliberadamente que prefería no subir. Como buenos renegados, igual lo hicimos. La ciencia ante todo.

Las medialunas estaban muy bien, con el almíbar justo, consistencia en la masa y el detalle de que estaban tibias. Un punto negativo era cierta sequedad en las puntas.

De precio estaba igual que sus competidores porteños, como si se pusieran de acuerdo en una especie de logia de extracción masónica-medialunesca.

Resumen

Calidad: Estupenda

Precio: Cuantioso

Conclusión

Si aguantaron leyendo hasta acá, les interesará saber cuál es mi veredicto final. Y basándome en la calidad, pero teniendo en cuenta un factor importante como el precio, mi conclusión es que Nuria de Rosario hace las mejores medialunas de Argentina. Alguno podrá objetar que mi pequeña muestra de bares y confiterías no es representativa de nada. Y quizás tengan razón. Pero tampoco es para hacerse tanto problema, al fin y al cabo solo es un artículo sobre las medialunas, ¿o no?

* Las medialunas de la portada las hace Ro, y al momento de escribir esto no probé nada mejor.

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